miércoles, 1 de octubre de 2008

Jazz en el bulevar

Para viajar en mi cápsula de 105 cc elegí Chet Baker.
Naa, no soy un melómano intelectual, sólo que me colgué con su historia
acaso parecida a un montón de gente que camina por el bulevar.
Hoy temprano ya pasé por otra experiencia
cuando en el gimnasio me expuse a una máquina adelgazante.
Dos correas a los costados te sacuden de un lado para otro, castigándote las chichas.
El cuerpo te queda colorado, machucado por las pretensiones de un verano al desnudo.
Una chica, bajita y obesa pregunta con temor: yo también puedo usarlo?
Parece o es, una máquina mágica y Maruca aprovecha para incrementar sus ingresos.
Chet Baker me regala un solo infernal cuando paso un camión, el público aplaude,
piano y batería complementan esta gran version del tema de Miles Davis.
Esquivo como puedo los misiles de humo de los autos y colectivos.
El tema asciende para concluir cuando cruzo la avenida,
llego a mi trabajo
el show ha terminado.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Mi cuerpo es como la circunvalación

Alguna vez has sentido que sos parte del mundo porque hablaste del tiempo?
Hola, me dice la Pelu. Tooooodos los dìas està baldeando la vereda de mis vecinos.
Ellos para esa hora están metidos en sus oficinas, tratando de que el sistema capitalista funcione.
A la Pelu le faltan dos dientes, pero, a quien le importa si su sonrisa está entera.
La cruzo esos dìas en que camino hasta el garaje de la Maru donde hacemos gimnasia con otras mujeres del barrio.
La problemática de los gimnasios caseros y de barrio es la ropa que llevan. Y los maridos.
El tema de esta semana es que uno de ellos come mucho dulce de leche.
LLega de trabajar y se acuesta a dormir la siesta. Se levanta cerca de las seis y se sienta con el tarro frente al televisor.
Este no es un trabajo antropológico chicos, es lo que me pasa esos días que voy al gimnasio. Y mientras trabajo el cuerpo para llegar groso al verano, escucho a esta mujer.
Y todas me miran como diciendo, ay, como quisiera que mi marido se preocupara por su cuerpo.
Yo sigo pensando, no en escribir esta historia. No. Pienso en que sigo siendo un negro cursi, pero ojo.
Hoy he sentido que soy parte del mundo.
Quiero empezar un curso de cocina vegetaria.
Se lo escuché a Gastón Pauls. Dice que es menos violento.
Porque no come carne.
De esa, claro.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Soy un negro cursi al que le gusta el Vionier

Hoy me levanté con dolor de cabeza.
Estaba por empezar a soñar algo hermoso cuando sonó la alarma del celular.
Mi mujer me sacudió hasta que me senté en la cama.
No la culpo. Lo hace porque me quiere.
Hay veces que uno hace cosas que al otro le joden, porque lo quiere.
Me lo dijo mi viejo. Cosas que él no hace, pero la frase es buena.
Ayer casi se me sale una rueda de la moto.
Sentía que viajaba en la caja de un camión, me movía para todos lados.
Agazapado, aferrándome al manubrio a una velocidad crucero de 15 kilómetros por hora.
Pero señores, el bulevar no le da protagonismo a nadie.
Los choques, las motos tiradas en el piso, los cortes del puente, el caos.
Lugares comunes.
Hay días en los que la voluntad es todo.
Y los dolores empiezan a ceder.
Cuando me pongo cursi y pienso en mis herederos.
En las cosas que no he dicho, que son mi secreto.
Quisiera aprender otro idioma.
Que alguien me entienda.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Adiós remisero

¿Qué santos son estos que cuidan a los viejos?
San Camilo, una residencia de lujo. San Jorge, una casa vieja. Las veo cuando viajo en remis.
Cuando llueve y no puedo usar la moto.
¿Qué pasó con esas vidas? Qué motor, biela, pistón. Cajas de velocidad que se quedaron sin aceite.
Un desarmadero atendido por señoras sin marido. A veces llega la felicidad de afuera: una torta. Un budín de pan en un tupper.
Mi remisero de cabecera repite lo mismo: mañana lo meto al taller. El Regatta está desnudo. Afloran los cables como un cuerpo abierto.
Le hago motor, dice. Chapa y pintura. Noo, sino da más esta cagada. Pensar que yo manejé un Mercedes en Buenos Aires!!!
La vida se sostiene por el engaño. La mentira que comen los viejos en San Camilo y San Jorge.
Como Laura que trae su silla y se pone a mirar el tránsito del bulevar. Su silla y sus recuerdos, son los únicos bienes que posee. Como a los otros viejos, las sillas les pertenenen y mueren con ellos. Después nadie las usará más que para apoyar plantas de paso o para treparse a limpiar los rincones. Algunos, tienen una radio, otros un rosario marrón o negro, una foto con su familia. A Laura no le gustan los poemas de amor. A veces, está contenta y algo dice entre dientes. La enfermera levanta a otro viejo que se cagó encima. Trabajo de mierda. Como el del remisero con el auto hecho mierda. O el playero de la YPF que tiene que bancarse a un boludo que quiere que le lave el vidrio del auto.
No hay santos para todos, que San Expedito me chupe un huevo. Que San Cayetano vaya a laburar, que no me espere.
Soy el dios del bulevar, nadie me toca el culo con mi moto.
Adiós remisero, desde ahora, los días de lluvia, no tendré verguenza de mis zapatos sucios.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Un mundo impecable

Esperaba escribir algo anoche, pero vino una amiga que vive en Laboulaye y estudia Numerología. Me aclaró todo: en mi pasado fui un esclavo de alguna colonia, un alma que estuvo al servicio de los demás. Soy nativo de Urano, por lo cual, conozco mi pasado y quiero cambiar el futuro, pero me cuesta pensar bien las cosas, soy impulsivo, y por eso a veces me equivoco.
Soy un número 8 para los negocios, esto representa fortuna. Fortuna de conocer a quienes conozco, de querer a quienes quiero, fortuna.
La moto anda para la mierda, hace un ruido raro. Pero a nadie le importa en el bulevar, el ruido es un pais conocido. El jueves está muy lejano para mi sed. Anoche soñé con Barney, que venía a casa a pedirme azúcar y yerba, se lamentaba porque no había hecho tiempo de ir al supermercado, "los chicos no me dejan tiempo", decía.
Cuando Barney se alejaba paseando su cola por la calle, pensé en escribirte un poema, busqué un papel, lapicera, empecé con estas líneas: "Los espejos me devuelven los combates de Irak. Otra gente, la que no conozco, gasta su tiempo reenviando correos masivos de personas perdidas, que necesitan un corazón. Piensan salvar el mundo. Hace frío, me pregunto: ¿adónde está el fervor de los días? Descubro accidentalmente los actos que justifican tanto silencio, tanta gente extraviada en el barro de la búsqueda. No hay otra que perderse en los afectos. Pocos días son buenos días, si no estás". Me quedé en la mitad, esperaba decirte hola y que el silencio de la distancia fuera un efecto sincero.
Avanzo por el bulevar y pienso en todos los administrativos del mundo, en sus medias ¾ apretando sus tobillos. Los cordones, la corbata, un mundo impecable. El café quemado. El teléfono en el hombro. Los problemas de cadera. Y me encuentro.